|
1 |
San Eloy,
Orfebre |
|
2 |
Santa Bárbara,
Mártir |
|
3 |
San Francisco Javier,
Misionero |
|
4 |
San Juan Damasceno,
Escritor |
|
5 |
San Sabas,
Abad |
|
6 |
San Nicolás,
Obispo |
|
7 |
San Ambrosio,
Arzobispo de Milán |
|
8 |
La Inmaculada Concepción |
|
9 |
San Pedro Fourier,
Fundador y educador |
|
10 |
La Virgen de Loreto |
|
11 |
San Dámaso,
Pontífice |
|
12 |
La Virgen de Guadalupe |
|
13 |
Santa Lucía,
Mártir |
|
14 |
San Juan de la Cruz,
Escritor |
|
15 |
Santa María de la Rosa,
Fundadora |
|
16 |
Santa Adelaida,
Viuda |
|
17 |
San Lázaro,
Amigo de Jesús |
|
18 |
San Modesto,
Restaurador de Jerusalén |
|
19 |
San Urbano,
Papa |
|
20 |
Santo Domingo de Silos,
Abad |
|
21 |
San Pedro Canisio,
Predicador |
|
22 |
Santa Clotilde,
Reina y viuda |
|
23 |
San Juan Cancio |
|
24 |
San Viator y San Justo,
Penitentes; San Charbel,
maronita |
|
25 |
NAVIDAD.
El nacimiento de Jesucristo |
|
26 |
San Esteban,
Protomártir |
|
27 |
San Juan Evangelista |
|
28 |
Los Santos Inocentes |
|
29 |
Santo Tomás Becket,
Arzobispo. Mártir |
|
30 |
Santa Judit,
Heroína Israelita |
|
31 |
San Silvestre,
Papa |
Patrona de México
y Emperatriz de las Américas

Pío X
proclamó a Nuestra Señora de Guadalupe "Patrona de toda la América Latina";
Pío XI, de "todas las Américas"; Pío XII la llamó "Emperatriz de las
Américas"; y Juan XXIII, "La misionera celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre
de las Américas". En esta gran basílica Juan Pablo II beatificó al indio
Juan Diego el 6 de mayo de 1990.
Envía tus notas
para publicar y fotos en formato gif o jpg
PUBLICAR
Más
información.
Presione
sobre los íconos
|
La
Virgen de Guadalupe
12 de Diciembre

Tomado del
escrito indio Nican Mopohua del siglo dieciséis).
Un sábado de
1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego,
iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad
de México a asistir a clase de catecismo y a oír la Santa
Misa. Al legar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y
escuchó que le llamaban de arriba del cerro diciendo: "Juanito,
Juan Dieguito".
Él subió a la
cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo
vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy
amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de mis
hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero
Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya
aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor,
compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta
tierra y a todos los demás amadores míos que me invoquen y
en Mí confíen. Vas donde el Señor Obispo y le manifiestas
que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo
tu esfuerzo".
"Ten seguro que
te agradeceré bien y te lo pagaré. Vas a merecer que yo te
recompense el trabajo y fatiga con que procuras hacer lo que
te encomiendo".
Él se arrodilló y le dijo: "Señora mía, voy corriendo a
cumplir lo que me has mandado. Yo soy tu humilde siervo". Y
se fue de prisa a la ciudad y en derechura al Palacio del
Obispo que era Fray Juan de Zumárraga, religioso
franciscano.
Cuando el obispo oyó lo que le decía el indiecito Juan
Diego, no le creó. Solamente le dijo: "Otro día vendrás y te
oiré despacio".
Juan Diego se
volvió muy triste porque no había logrado que se realizara
su mensaje. Se fue derecho a la cumbre del cerro y encontró
allí a la Señora del Cielo que le estaba aguardando. Al
verla se arrodilló delante de Ella y le dijo: "Señora, la
más pequeña de mis hijas, niña mía, expuse tu mensaje al Sr.
Obispo, pero pareció que no lo tuvo por cierto. Comprendí
por la respuesta que me dio que pensó que quizás que es una
invención mía que Tú quieres que te hagan aquí un templo, y
que eso no es una orden tuya. Por lo cual te ruego que le
encargues a alguno de los principales que le lleve tu
mensaje para que le crean, porque yo soy un pobre
hombrecillo, el último de todos. Perdóname que te cause esta
gran pesadumbre. Señora y Dueña Mía".
Ella le
respondió: "Oye, hijo mío, el más pequeñito, es preciso que
tú mismo solicites y ayudes a que con tu mediación se cumpla
mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío, y aún te mando, que
otra vez vayas mañana a ver al Sr. Obispo. Dile que yo en
persona, la siempre Virgen María, Madre de Dios, te envía,
para hacerle saber mi voluntad: que deben hacer aquí el
templo que les pido".
Pero al día
siguiente el obispo tampoco le creyó a Juan Diego y le dijo
que era necesaria alguna señal maravillosa para que se
pudiera creer que sí era cierto que lo enviaba la misma
Señora del Cielo. Y lo despidió.
El lunes Juan
Diego no volvió al sitio donde se le aparecía nuestra
Señora, porque su tío Bernardino se puso muy grave y le rogó
que fuera a la capequeño, que no es tan importante lo que te
asusta y aflige. No se entristezca tu corazón ni te llenes
de angustia. ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?
¿Acaso no soy tu ayuda y protección? No te aflijas por la
enfermedad de tu tío, que en ese momento ha quedado sano.
Sube ahora a la cumbre del cerro y hallarás distintas
flores. Córtalas y tráelas".
Juan Diego subió
a la cumbre del cerro y se asombró muchísimo al ver tantas y
exquisitas rosas de castilla, siendo aquel un tiempo de
mucho hielo en el que no aparece rosa alguna por allí, y
menos en esos pedregales. Llenó su poncho o larga ruana
blanca con todas aquellas bellísimas rosas y se presentó a
la Señora del Cielo. Ella le dijo: "Hijo mío, esta es la
prueba que llevarás de parte mía al Sr. Obispo. Te considero
mi embajador, muy digno de mi confianza. Ahora te ordeno que
sólo delante del Sr. Obispo despliegues tu manta y descubras
lo que llevas. Contarás todo lo que viste y admiraste para
que puedas inducir al prelado, con objeto de que se
construya el templo que he pedido".
Juan Diego se
puso en camino, ya contento y seguro de salir bien. Al
llegar a la presencia del obispo le dijo: "Señor, hice lo
que me mandaste hacer: Pedí a la Señora del Cielo una señal.
Ella aceptó. Me despachó a la cumbre del cerro y me mandó
cortar allá unas rosas y me dijo que te las trajera. Así lo
hago, para que en ellas veas la señal que pides, y cumplas
su voluntad. Helas aquí".
Desenvolvió
luego su blanca manta, y así que se esparcieron por el suelo
todas las diferentes rosas de castilla, se dibujó en ella y
apareció de repente la preciosa imagen de la Virgen María,
Madre de Dios, tal cual se venera hoy en el templo de
Guadalupe en Tepeyac. Luego que la vieron, el Sr. Obispo y
todos los que allí estaban se arrodillaron llenos de
admiración. El prelado desató del cuello de Juan Diego la
manta en que se dibujó y apareció la Señora del Cielo y la
llevó con gran devoción al altar de su capilla. Con lágrimas
de tristeza oró y pidió perdón por no haber aceptado antes
el mandato de la Señora del Cielo.
La ciudad entera
se conmovió y venían a ver y admirar la devota imagen y a
hacerle oración y le pusieron por nombre la Virgen de
Guadalupe, según el deseo de Nuestra Señora. Juan Diego
pidió permiso para ir a ver a su tío Bernardino que estaba
muy grave. El Sr. Obispo le envió un grupo de personas para
acompañarlo. Al llegar vieron a su tío que estaba muy
contento y que nada le dolía. Y supieron que había quedado
instantáneamente curado en el momento en que la Sma. Virgen
dijo a Juan Diego: "No te aflijas por la enfermedad de tu
tío, que en este momento ha quedado sano".
El señor Obispo
trasladó a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada
Señora del Cielo. La ciudad entera desfilaba a admirar y
venerar la Sagrada Imagen, maravillados todos de que hubiera
aparecido por milagro divino; porque ninguna persona de este
mundo pintó su preciosa imagen (hasta aquí el relato indio
del siglo XVI).
La imagen de la
Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima
devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la
Virgen de Guadalupe son tan extraordinarios que no se puede
menos que exclamar: "El Poder divino está aquí".
El Papa declaró
a Nuestra Señora de Guadalupe como "Patrona y Emperatriz de
América". Su fiesta se celebra el 12 de diciembre.
ARRIBA
|