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1 |
San Benito Cottolengo |
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2 |
San Atanasio,
Obispo y Doctor de la Iglesia |
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3 |
La Santa Cruz |
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4 |
Santos Felipe y
Santiago.
Apóstoles |
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5 |
San Antonino.
Arzobispo |
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6 |
Santo Domingo
Savio, Estudiante |
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7 |
San Jeremías,
Profeta |
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8 |
El Santo Job,
Patriarca |
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9 |
Santa María
Mazzarello, Fundadora |
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10 |
San Juan de Avila, Misionero popular y Director de almas |
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11 |
Santa Juana de
Arco,
Mártir |
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12 |
Santos Nereo,
Aquileo y Pancracio, Mártires |
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13 |
Las apariciones
de la Virgen en Fátima |
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14 |
San Matías, Apóstol |
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15 |
San Isidro
Labrador |
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16 |
San Juan
Nepomuceno,
Mártir |
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17 |
San Pascual
Bailón, Religioso |
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18 |
Santos Juan I y
Félix de Cantalicio |
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19 |
San Ivo,
Patrono de los abogados |
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20 |
San Bernardino de
Siena |
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21 |
Santa María
Magdalena de Pazzi, Religiosa |
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22 |
Santa Rita de
Casia,
Patrona de los imposibles |
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23 |
San Juan Bautista
Rossi, Confesor |
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24 |
María Auxiliadora |
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25 |
San Gregorio VII, Pontífice |
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26 |
Santa Mariana de Jesús,
Azucena de Quito |
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27 |
San Agustín de
Cantorbery, Fundador de la Iglesia en Inglaterra |
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28 |
San Felipe Neri,
San Guillermo |
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29 |
San Beda, el
Venerable, Escritor |
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30 |
San Fernando,
Rey |
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31 |
La Visitación de
la Virgen María a Santa Isabel |
Patronazgos de
Santa Juana de Arco

Santa
patrona de Francia y Doncella de Orleans
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Santa Juana de Arco
11 de mayo

Esta santa a los 17 años
llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión.
Juana de Arco nació en el año 1412 en Donremy, Francia.
Su padre se llamaba Jaime de Arco, y era un campesino.
Su patria Francia había
sido invadida por los ingleses. A los catorce años la
niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban.
Al principio no sabía de quién se trataba, pero después
vio que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa
Catalina y Santa Margarita y le decían: "Tú debes salvar
a la nación y al rey". Contó a sus familiares y vecinos
de las apariciones. Las primeras veces no le creyeron,
pero después ante la insistencia de las voces y los
ruegos de la joven, un tío suyo la llevó con el
comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le
dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al rey.
Pero el militar no le creyó y la despachó otra vez para
su casa.
Sin embargo unos meses
después Juana volvió a presentarse ante el comandante y
éste, ante la noticia de una derrota que la niña le
había profetizado, la envió con una escolta a que fuera
a ver al rey.
Llegada a la ciudad pidió
poder hablarle al rey. Este para engañarla se disfrazó
de simple aldeano y colocó en su sitio a otro. La joven
llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde
estaba el reemplazo del rey, guiada por las "voces" que
la dirigían se fue directamente a donde estaba el rey
disfrazado y le habló y le contó secretos que el rey no
se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara totalmente
de opinión acerca de la joven campesina.
Ya no faltaba sino una
ciudad importante por caer en manos de los ingleses. Era
Orleans. Y estaba sitiada por un fuerte ejército inglés.
El rey Carlos y sus militares ya creían perdida la
guerra. Pero Juana le pidió al monarca que le conceda a
ella el mando sobre las tropas. Y el rey la nombra
capitana. Juana manda hacer una bandera blanca con los
nombres de Jesús y de María y al frente de diez mil
hombres se dirige hacia Orleans.
Animados por la joven
capitana, los soldados franceses lucharon como héroes y
expulsaron a los asaltantes y liberaron Orleans. Luego
se dirigieron a varias otras ciudades y las liberaron
también.
Después de sus resonantes
victorias, obtuvo Santa Juana que el temeroso rey Carlos
VII aceptara ser coronado como jefe de toda la nación. Y
así se hizo con impresionante solemnidad en la ciudad de
Reims.
Pero vinieron luego las
envidias y entonces empezó para nuestra santa una época
de sufrimiento y de traiciones contra ella. Hasta ahora
había sido una heroína nacional. Ahora iba a llegar a
ser una mártir. Muchos empleados de la corte del rey
tenían celos de que ella llegara a ser demasiado
importante y empezaron a hacerle la guerra.
Faltaba algo muy
importante en aquella guerra nacional: conquistar a
París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y
hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el
rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los
enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la
batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.
Los franceses la habían
abandonado, pero los ingleses estaban supremamente
interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más
de mil monedas de oro a los de Borgoña para que se la
entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.
Los ingleses la hicieron
sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los
insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el
punto que Juana llegó a exclamar: "Esta cárcel ha sido
para mí un martirio tan cruel, como nunca me había
imaginado que pudiera serlo". Pero seguía rezando con fe
y proclamando que sí había oído las voces del cielo y
que la campaña que había hecho por salvar a su patria,
había sido por voluntad de Dios.

En ese tiempo estaba muy
de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera
hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a
Juana de brujería, diciendo que las victorias que había
obtenido era porque les había hecho brujerías a los
ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo
Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que
la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre
esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto
por enemigos de la santa. Y aunque Juana
declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías
y que era totalmente creyente y buena católica, sin
embargo la sentenciaron a la más terribles de las
muertes de ese entonces: ser quemada viva.
El tribunal la condenó a
muerte, pero al confesar y arrepentirse de sus errores,
la sentencia fue conmutada a cadena perpetua. Sin
embargo, cuando regresó a la prisión volvió a usar
vestidos de hombre por lo que de nuevo fue condenada,
esta vez por un tribunal secular, y el 30 de mayo de
1431, enviada a la hoguera en la plaza del Mercado Viejo
de Ruán por relapsa (herética reincidente).
Veinticinco años después
de su muerte, la Iglesia revisó su caso y la declaró
inocente. Fue canonizada en 1920 por el papa Benedicto
XV. Su fiesta se celebra el 30 de mayo, día de su
ejecución.
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